sábado, 16 de julio de 2011

Un vistazo económico a... los derechos de autor

Dos son los principales argumentos que autores(1) y editoriales esgrimen a la hora de defender la existencia de los derechos de autor:

a) Los autores merecen cobrar por su trabajo


b) Sin estos derechos, los autores no podrían dedicar su tiempo a elaborar las obras que todos disfrutamos.


Pasa que su problema no es en absoluto nuevo para la economía, por mucho que sean los más afectados por la era digital y que su trabajo sea, en gran medida, completamente intelectual. Se trata del problema de la innovación, y la incapacidad para resolverlo del mercado competitivo. Y, lo siento, pero hay aspectos en los que ya existe el estudio e, incluso, el consenso.

En principio, acorde a la libre competencia, nadie, en ningún momento, debería tener los derechos de nada. Ante estos derechos, la competencia queda, completamente, anulada, para desgracia del consumidor.
Así, si ahora no estuviera en manos de nadie la última obra de García Márquez, nos encontraríamos con que el consumidor podría, en todo momento, imprimir el libro, incluirlo en su lector de libros digitales, etc, prácticamente gratis. Las editoriales, por su parte, podrían competir por ofrecernos la edición más bonita, más acorde al gusto del lector, y también al mejor precio, en una actividad que probablemente fuera más que rentable.

Cualquier situación diferente de ésta conlleva un beneficio para unos pocos en detrimento de la sociedad por entero.

¿Qué pasa? Pues que, en este maravilloso marco, es cierto que el autor ni aparece. Su trabajo ya está hecho, no se requiere de su mano y, cómo son las cosas, ni se le pagó cuando sí estaba escribiendo (y, en consecuencia, trabajando) ni se le paga cuando su producto es consumido. Consecuencia: Efectivamente, ser autor se convertirá en un oficio muy, pero que muy complicado. Un pin para la causa de la SGAE.


Es a partir de aquí donde los que han estudiado más a fondo el tema han acordado lo evidente:Dado este caso, lo idóneo es que el trabajo en innovación se vea remunerado en la suficiente medida para que merezca la pena, y posteriormente pase a ser de dominio público. Es eficiente. Es sencillo. Y, sorprendentemente, es bastante justo. Según este concepto, Alejandro Sanz, cuyo trabajo ha sido ya remunerado de putísima madre, no tendría ningún derecho a abrir la boca, y lo que este señor está pidiendo sería, básicamente, que la gente gastase su dinero en él... ¡a cambio de nada! Que la sociedad, en conjunto, consumiera menos arte para financiar su mansión privada, su coche, sus fiestas de famosos y sus apuesto a que muchas mañanas de sofá.

Es más, cargo a locura del autor, pero apostaría porque el sistema que nos proponen, de hecho... desincentiva la creación de contenido artístico cultural. Una vez que el trabajo en tu anterior disco se remunera por encima de lo que te animaría a editarlo, pierdes todos los motivos para seguir con tu trabajo de autor, puesto que se te está remunerando por absolutamente nada.

No vamos a exponer aquí cuál sería el sistema más adecuado para remunerar a los autores: Si conceder derechos durante un número de años, o marcar una cantidad de remuneración límite; existen mil fórmulas, al igual que se podría hablar largo y tendido sobre la flexibilidad que habrían de tener los derechos de autor mientras existan. Pero sí que vamos a afirmar que lo que se propone, que desde cierta perspectiva tiene su dosis justa de sentido, es en realidad una estafa.

Se trata del arte. Lo siento mucho, pero hay cosas con las que no se juega. Y, en el actual marco, el papel de las páginas de descargas ilegales no es meramente loable: También es vital.

En fin.

#estosiesparaindignarse


(1) Sabemos que con autores hacemos referencia a una parte del colectivo, y sabemos que son los menos. Sin embargo, también son por lo general los que más seguidores tienen, los que más se publican en la red, y los que más dinero mueven en la industria; de ahí que nos permitamos la licencia de generalizar, con perdón de todos los que se salgan de este guión.



Enlaces de interés:

Escritor descubre su libro gratis en una página y explica los motivos por los que estos no pueden ser más baratos

La sorprendente verdad sobre lo que nos incentiva (ENG)

ONU: “Las leyes contra el intercambio de archivos violan los derechos humanos”

Página web de la SGAE

domingo, 3 de julio de 2011

La Naturaleza No Sabe De Hombres Gordos (sátira)

Mientras engrasamos las máquinas de la web, en las que acabar de terminar exámenes sigue dejándose notar, nos vamos a permitir subir un pequeño e irónico texto que guardábamos en la guantera. Se trata de un ejercicio de crítica hacia la manera en que se defienden y argumentan muchas de las "opiniones sobre economía" que se ponen sobre la mesa en nuestros medios. La crítica es caricaturesca, con las consecuentes injusticias, pero su intención es constructiva, lo juramos, y los puntos en que incide creemos que son... bastante acertados. Vaya un mundo raro. ¡Que la disfruten!


La Naturaleza No Sabe De Hombres Gordos



La obesidad es un mal endémico que, cada día con más fuerza, ataca en nuestro mundo provocando dolor, injusticia y, en su forma más extrema que se da en no pocos casos, la muerte. Es uno de esos males que sin ninguna duda, como seres humanos, tenemos que afrontar y que esperamos que en un futuro constituya tan sólo una mancha en el pasado de nuestra especie.

Sin embargo, seguimos engordando a los niños pequeños, haciendo rentables los mcDonalds, y en general promoviendo la sociedad del «engordismo» que hemos creado. ¿Cómo es esto?


Verán, que al ser humano le gusta comer no es algo que nos pille de nuevas. Y que las cosas que más nos gustan comer engordan, tampoco. Dulces, azúcar, pastelerías, chocolate. No obstante, y por fortuna, la naturaleza humana está diseñada bastante bien y... ¡resulta que también la vida sana tiene sus recompensas! Es más, son tantas las pegas de una dieta irresponsable que, en el fondo, comer mal, en el largo plazo, ¡carece de sentido!

Así, es probable que un niño gordo, que ha estado comiendo de más, (quizás por voluntad propia, quizás porque la información nutritiva que ha recibido haya sido insuficiente, aunque éste es otro tema) un día se mirará en el espejo, y se verá gordo. Sabe que eso tiene unas consecuencias: gusta menos a las chicas, su agilidad se ve resentida, y aumenta la pereza de su vida en general. Esto es, será consciente del coste que tiene su modo de vida, en términos tanto sociales, como personales, como de salud. Así, el coste de comer mal será infinitamente superior a sus beneficios, que son, tan sólo, un momento de placer, y tal coste aumentará además cada día que pase. El mecanismo es intuitivo y sencillo, y también, cómo no, natural. El niño irá dejando de comer, conociendo sus preferencias, hasta llegar al estado de forma físico que, acorde al sacrificio que prentenda realizar, prefiera. ¿No es perfecto?

Un niño, en libertad, crecerá sano por su propia naturaleza. Pero existen niños gordos. Toca preguntarle al autor: ¿Cómo puede ser así?

Ahora voy al supermercado y, ¿qué veo? No veo niños decidiendo cambiar su vida a tiempo. Veo madres. Madres que, al comprar, compran lo que ellas creen que es mejor para sus hijos. Por tanto, su carrito se llena de galletas ("algo que les encanta desayunar a sus hijos"), pastas, harinas, fritos y aceite. Y chocolate, claro. ¿Cómo iba a dejar a mis hijos sin chocolate? Eso sería monstruoso. Intentando hacer lo mejor para sus hijos, su intervención resulta, de entrada, cuestionable, aunque desde luego no es en su ejecución en lo que fallan, sino su concepto: Ellas creen que sus hijos quieren galletas, y compran galletas.

Así, los niños se encuentran ante una despensa/nevera que les abocará sin remedio a la gordura como única opción, y entonces pasan a aceptar tal cosa y se dedican a reducir el placer de sus vidas a su relación con las galletas.

Desaparecen los incentivos. Los niños, contra su voluntad, engordan. Madre cero, niño cero, y todos salen perdiendo.


Es curioso. Es esta nefasta intervención materna la que, con toda su buena intención, aumenta el coste de llevar una vida sana convirtiéndolo en infranqueable, y es esta misma intervención la que condena al niño en su distorsión de la realidad, que en libertad sería la deseable. Pero las madres insisten en que su papel es vital en la forma física de sus hijos. ¿Acaso no se pasa de evidenciable?

No digo que las madres no ejerzan un papel importante en el bienestar de sus hijos. Es cierto que cualquier niño necesita un impulso para comer verduras, fruta, y probar cosas nuevas, y cualquier nutricionista de nuestros tiempos, incluso aquellos que llaman defensores del «naturalismo salvaje», lo argumenta así sin pudores. Sólo expongo que, quizás, el hecho de querer hacer crecer sanos a nuestros hijos no esté en nuestras manos. Que nuestras ganas de intervenir por ellos creyendo que sabemos lo que es mejor para los mismos no hacen sino coaccionar en sus vidas en contra de su libertad con resultados, además, catastróficos.

La naturaleza está diseñada con un mecanismo infinitamente superior a la chapucera capacidad humana. ¿Por qué tenerle miedo? ¿Por qué no podemos aceptar, simplemente, sus resultados positivos y dejarle llevar a la humanidad a un mundo donde todas las personas sean, a un tiempo, más seguras, más sanas y, por qué no decirlo; ¿más atractivas?

domingo, 26 de junio de 2011

¿Hay que reiniciar el sistema educativo?

#estosiesparaindignarse

Dedicado a todos los universitarios que siguen, como un servidor, de exámenes. Mucho ánimo.


Vía: Microsiervos

sábado, 21 de mayo de 2011

Grecia: Todo lo que ya sabías, y un poquito más (II)

Pongámonos en situación: Un buen amigo contacta con nosotros; ha discutido con su novia, con la que vive, y se quiere venir a dormir a casa para capear el temporal. Pasada una semana, nos confiesa que la relación con su chica está en realidad rota, y que lo dejaron porque él atravesaba una mala racha: Entre otras cosas, lo habían despedido.

“Préstame algo de dinero, anda, para salir al paso”, te pide. Tú se lo prestas, porque para eso están los amigos. A los dos días, sin embargo, descubres que ya se lo ha gastado, y no tienes muy claro en qué.

Lo peor es que tiene unas deudas pendientes en el banco, que tendrá que pagar antes de pensar en alquilarse un piso o comprarse una casa, y no tiene a nadie más a quien acudir... así que te vuelve a pedir prestado.

Las posibilidades de que encuentre próximamente un trabajo son las que son: medio nulas.

¿Qué haces? ¿Pagas?


Algo parecido es lo que nos cuentan de Grecia. El Estado ha malgastado su dinero en vivir por encima de sus posibilidades, dicen algunos periódicos, pero eso no quita que siga teniendo un problemón, que ya estudiamos el Domingo pasado, ni que sea una pieza clave en la expansión de la zona euro: Europeos, todo fue como la seda cuando no erais sino un conjunto de países en expansión controlando la inflación de vuestra moneda, pero ¿seréis eficaces a la hora de los problemas?

Fue así como se planteó el primer rescate. La respuesta de la eurozona fue decir: “Pago, pero el dinero te lo gastas en lo que yo te mande”. Dicho de otra forma: “Griegos, no os podemos dejar gestionar estas cuentas, porque nadie se fía de la forma en que lo hacéis, pero es irrefutable que todos necesitamos este rescate”.

Grecia no ha parado de perder derechos sociales desde entonces, y el FMI ya le ha propuesto privatizar la totalidad de los servicios públicos. ¿Lo han estado haciendo realmente tan mal los gestores de los impuestos que pagaron unos ciudadanos que hoy se encuentran en desempleo y con cada vez menos servicios sociales? Ya vimos que, desde luego, en los años precedentes a la crisis financiera de 2008, el déficit de los griegos empeoraba sistemáticamente respecto al resto de la eurozona, pese a que su economía crecía de manera mucho más abultada. ¡Pero es que eso no es algo tan extraño! Y lo explico:


Pensemos, si un país siempre está creciendo, cada vez dispone de más recursos. Si nuestra perspectiva es seguir creciendo durante los próximos años: ¿No es lógico traer una parte de la abundancia del futuro al presente, que es donde hay escasez?
Y en consecuencia, si pensamos seguir creciendo a un ritmo más rápido de lo que lo hace el resto... ¿no será lógico traer también más recursos al presente que los demás?

Eso es, básicamente, un déficit: Dado que a ti no te importa prescindir durante unos años de este dinero, préstamelo, y en el futuro, cuando tenga mucho más, te lo devuelvo, con un sobrecoste rentable para los dos. Así, a costa de vivir un poco peor cuando viva mucho mejor, vivo un poco mejor cuando me toca vivir mucho peor.


Lo que pasa es que el déficit, a su vez, y como también comentamos hace una semana, acelera el crecimiento de una economía... Y fijémonos: Si nuestra lógica es la descrita, y en opinión de este autor lo ha sido para el caso de todas las economías rescatadas y, en parte, también de España, comenzaremos a generar un déficit originado en realidad por el déficit pasado: Vemos que crecemos, y nos permitimos un déficit, que nos hace crecer más, y al ver que crecemos más, nos podemos permitir más déficit, que de nuevo acelera nuestro crecimiento, y al ver que crecemos más... gastamos más... ¿y hasta dónde?

Es aquí donde muchos economistas apuntan a la “irrealidad” de fondo de esta economía. Del “yo hago esto a cambio de que tú hagas esto” se pasa al “nosotros hacemos esto a cambio de parte de lo que hagamos mañana”, y de ahí al... círculo vicioso en el que van entrando muchas economías modernas, que es difícil de explicar de no recurrir a "con el crecimiento impulsado por el déficit creamos más déficit". Vamos, que ahí no hay nada.

Por tanto, no sólo existe un déficit en el sentido más estricto del término. Existe, más bien, lo que en economía se conoce como una burbuja: Una distorsión interna que, por no tener un sustento “real” en su estructura, desaparece de una sentada cuando cualquier estímulo corta su crecimiento.

Por supuesto, seguro que son muchas las causas que pueden acabar con estas burbujas, pero la catástrofe llega cuando es un decrecimiento del PIB el que lo hace. Cuando nos encontramos ante una crisis, donde más sentido tendría traer al presente la prosperidad del futuro, y nuestros inversores nos dicen “señores, es que se han acostumbrado tanto a debernos parte de lo que van a trabajar en el futuro, y están tan lejos de trabajarlo, que esto no hay por dónde cogerlo”.

Por tanto, no está tan, tan claro que Grecia haya “malgastado” el dinero, pero parece que lo de que ha estado viviendo por encima de sus posibilidades sí que tiene bastante sentido. Sin embargo, estos resultados no invitan a prohibir a los griegos seguir gestionando sus arcas públicas, y conviene tenerlo bien claro. Nada tiene que ver la gestión de la recuperación de su economía con su problema de déficit, por mucho que éste sea la causa de su situación. Son cosas distintas. La época anterior a la crisis estaba marcada por un crecimiento tan prolongado y sostenido que se dieron, incluso, economistas que vaticinaron el fin de los ciclos económicos, y nadie esperaba que el decrecimiento llegara tan rápido sin despertar apenas indicios, ni mucho menos que su impacto sería tan prolongado. Es verdad que la UE exige un máximo del 3% de déficit, pero también es cierto que lo hace para países que crecen sobre el mismo 3% en épocas de prosperidad, no para países con economías más pequeñas (donde un porcentaje de déficit es mucho menos dinero) que crecen al 6% y que, por tanto, sería lógico que se permitieran deber más.

Así, lo de que sean otros los que gestionen al Estado heleno debe ampararse en otras causas. ¿La distorsión de cuentas para entrar en la Unión Europea? Tampoco me vale: ¿Qué somos, niños? ¿Tan difícil puede ser para los países del euro corroborar las cuentas públicas de un país antes de dejarlo entrar en la moneda? ¿No será que prefieren tener cualquier excusa para internarlos a toda costa? ¿No será que las entidades oportunas no tienen otra cosa que hacer que seguir introduciendo países en esta divisa?

Si nos quieren dar argumentos, que sean argumentos de verdad. Y no digo que no los haya. Veamos un par, directos desde Eurostat:
Nótese que Grecia, el país que menos invierte en educación de la tabla, el que más crece, y el que más déficit tiene... ¡No aumenta su gasto en educación en esa medida respecto al resto!

¿Dónde deja a la inversión estatal Griega el hecho de que apenas se haya incrementado el número de empleados en sectores intensivos en conocimiento durante todos sus años de prosperidad?


...Y se encuentran más. Datos como el de que Grecia tenga más camas de hospital por individuo que España, pero peor sanidad, y la escasísima transparencia de las cuentas estatales dejan mucho que desear. Siendo claros: La unión monetaria tiene muchos motivos para exigir participar en las cuentas de Grecia, pero son los mismos motivos que le deberían haber instado a dejarla fuera.

Sin embargo, en algunas cosas le viene como la seda. Una unión monetaria necesita ir acompañada de cierta unión fiscal: De fraguarse un nuevo rescate, parece que se hará en unas condiciones que dejarán a los griegos bailando al son que les dicten los demás: Grecia se queda sin autonomía para pasar a formar el primer caso de los “Estados Unidos de Europa”. Sin ser la crisis griega una situación en absoluto conveniente para la moneda única, puede que lo que veamos sea una forma de sacar el máximo partido a la situación.

Pero, como bien ha criticado algún que otro internauta, eso, amigos, no es un rescate: Es extorsión.

Y... quería explicar el efecto de dichos rescates, pero creo que ya os he aburrido lo suficiente, por lo que lo dejamos para la próxima semana.

Muchísimas gracias por leernos. Recordamos que el blog está llevado, hasta el momento, exclusivamente por estudiantes, por lo que rogamos disculpas ante el previsible bajón de actividad del mes de Junio. Y, por cierto:

Votad a quien queráis durante este día, pero votad informados.

domingo, 15 de mayo de 2011

Grecia: Todo lo que ya sabías, y un poquito más (I)


¿Qué sucede cuando un país te debe dinero, pero no te paga?

¿Lo denuncias? ¿Presentas una queja? ¿Reclamas?

No, claro que no. Dejas de prestarle dinero. Y como tú, todo el mundo. Tampoco es que sea muy diferente a lo que sucede con una empresa en la misma situación: Se puede exigir que emplee su patrimonio en pagarte, pero como no lo tenga, es en vano reclamarle nada.

Es lo que se denomina una quiebra, y es un fenómeno tan antiguo como el propio concepto de prestar.


Pues bien, ésta es la situación de Grecia. El Estado debe un dinero, que pidió prestado en su día, pero llega un momento en el que nos dice que sus cuentas no le permiten pagar, entre otras cosas porque sus prestamistas ya auguran que no pagará y le piden unos intereses desorbitados para seguir endeudándose: Imposibilitando que siga pidiendo dinero. El grifo se corta, y la sequía es total: No entra dinero, no hay dinero guardado, ergo no puede salir dinero, por mucho que haga falta.

El problema que esto tiene no está en que algunos inversores pierdan el dinero invertido: Ya sabían a qué jugaban. El problema es que un estado no llega a una situación así de cualquier manera. Veamos en cifras la situación de la crisis griega:




  • Decrecimiento disparado, garantía de que el desempleo seguirá aumentando, y en consecuencia lo harán los ingresos del Estado.



  • Tasa de desempleo ya descontrolada, con la que lleva arrastrando un buen periodo.



  • Déficit insostenible que aumenta, día a día, la deuda griega.

Gráficas elaboradas a partir de datos de Eurostat


¿Cuál es el camino que le va a sacar de ésta? ¿Cómo y cuándo? Es en vano tratar de predecirlo. Más fácil resulta hablar sobre las directrices que está por experimentar:

La actividad griega habrá de reestructurarse (esto es: pasar a trabajar en cosas más adecuadas/productivas); quizás parte de la población emigre, y lleguen inmigrantes más aptos para trabajar en ese nuevo tipo de actividad; los griegos irán dejando de vivir tan endeudados como lo han hecho; la educación presente se convertirá en un mayor capital humano... y cienmil etcéteras que ni nos planteamos. Lo único que parece claro es que el cambio que necesitan es un cambio a largo plazo. Y un largo plazo puede ser un plazo muy, muy largo: Empresas cerrarán, otras abrirán en vano, el consumo se irá reanimando de una forma muy pausada, e incluso actividades que serán oportunas cuando llegue el momento resultan inviables ahora.


Bien, ¿y hasta entonces? Si el estado heleno ha quebrado: ¿De qué vivirán los desempleados? ¿Con qué pagarán sus hospitales? ¿Cómo mantendrán las calles?

Y, en una situación de crisis como atraviesa: ¿Qué papel podrá llevar su Estado y cuál sería el correcto? ¿Qué nos dicta la experiencia de crisis pasadas?


Vamos a intentar explicar cómo debería comportarse Grecia si fuese un país independiente y solvente, y cómo puede comportarse desde su quiebra particular en el marco del euro.



A corto plazo:

Prácticamente son dos las políticas que puede emprender el Estado: La fiscal y la monetaria. La primera consiste en aumentar el déficit público para crear riqueza y estimular la economía; la segunda en aumentar el dinero en circulación, que viene a ser algo parecido a impulsar el gasto y la inversión privada. A corto plazo, ambas se han demostrado beneficiosas: Contratando a una persona para que produzca algo útil das la opción a esa persona para intercambiar el fruto de su trabajo por el de otros, que antes tenían que producir menos ante la ausencia de esa demanda. Es decir, se saca un dinero de “la nada” que da lugar a que se produzca algo nuevo con el mismo, y a que se produzca más que eso para pagar el fruto de ese trabajo.

Una tercera opción es practicar una devaluación de moneda, que a efectos prácticos es algo así como bajar a la vez todos los salarios del país respecto a los del resto del mundo (podemos comprar menos de fuera, pero podemos vender más, porque somos más baratos). Es una práctica un poco más polémica, y sus efectos pueden ser diversos, pero ha sido efectiva para la economía española, por ejemplo, en repetidas ocasiones.


Pues bien, ¿qué nos encontramos? Nada más y nada menos que una situación en la que el déficit público está descontrolado, y no hay de dónde sacar dinero para seguir aumentándolo; y en la que la política monetaria está en manos del Banco Central Europeo, por lo que escapa a las manos de Grecia. Ni política fiscal, ni monetaria, ni tipo de cambio: Las manos están atadas. Grecia, dada su circunstancia, no puede hacer simple y llanamente nada para estimular el desarrollo de su economía a corto plazo. De hecho, al no poder ni tan siquiera mantener el déficit, esta obligada a hacer... justo lo contrario. Es decir, eliminar empleos financiados con gasto público, que repercutirán en la pérdida de unos terceros puestos de trabajo. Catastrófico.


A medio plazo:

Aquí, lo lógico es que el tipo de cambio de una moneda propia se ajustase en función de cuánto prefieran los griegos comprar productos de fuera a consumir los producidos dentro, y de cuánto prefieran seguir viviendo en Grecia que marcharse al extranjero. Similar a una devaluación, pero menos brusco, y menos forzado (generalmente una devaluación devalúa de más para impulsar los efectos de hacerlo). Una segunda posibilidad sería bajar realmente los salarios, que es algo que con toda certeza ya está pasando. Reducción nefasta, pues alcanza efectivamente cuotas muy inferiores a las que habrán de darse en la “Grecia reestructurada” e induce a los profesionales más cualificados a salir del país en busca de mejores condiciones laborales, impidiendo que su economía tenga la opción de desarrollarse mediante lo que en la ciencia económica se conoce como capital humano: Habilidades y conocimientos de los trabajadores, que son una de las condiciones básicas para aumentar la calidad de vida de un país.

¿En el marco del euro? La primera opción no puede ni plantearse. ¿Qué nos queda?



La solución óptima:

La mejor solución, aunque complicada, pasaría por conseguir invertir a corto plazo gasto público en elementos que conduzcan a la reestructuración de la economía griega a largo plazo, tales como gasto en investigación, en determinadas infraestructuras, en un profesorado internacional cualificado para la enseñanza de aquellas áreas que le resulten más seductoras, etcétera, que podría ir acompañada por el resto de políticas, pero aplicadas en menor magnitud: Un poco de política monetaria que estimule la inversión, un toque del tipo de cambio que ayude a sanear temporalmente nuestra relación entre importaciones y exportaciones, una disminución de impuestos que impulse la actividad empresarial a costa de un déficit temporal, y todas las ayudas posibles que consiguiesen acelerar los efectos de ese gasto en reestructuración. No sería una panacea. No sería una garantía. Podría resultar un ajuste muy largo, y muy caro, y no está muy claro que pudiera acabar saliendo bien, pues el mundo está demasiado agitado (en especial con el crecimiento de las economías emergentes) para poder augurar que nuestro país vaya a acabar siendo atractivo en algo. Pero sería lo más adecuado. De hecho, la dificultad es eminentemente práctica: De practicarse estas políticas con tino, la victoria estaría casi asegurada.


Pero para eso hacen falta unas políticas. Y Grecia no puede disponer de ninguna. Es por esto que la Unión Europea, ante esta condición de los griegos de la que es, en parte, responsable por disponer de la política monetaria, y por condicionar también su política fiscal (que uno no entra en la UE así como así) debe tomar una decisión. Y las posibilidades son dos: “Quita” de la deuda, que es omitir que esa deuda existe, para que el estado griego pueda emplear futuros ingresos en las políticas que le convenga, o rescate financiero... que será lo que estudiaremos en la próxima ocasión.

domingo, 1 de mayo de 2011

Razones para ir y para no ir a la próxima manifestación del 15 de Mayo

Cuando la manifestación del próximo 15 de Mayo llegó hasta mis oídos, lo hizo como algo relativamente vago pero coherente: La juventud del país, incapaz de encontrar un trabajo sin cruzar la frontera y con el sentimiento de estar siendo vapuleada por unas personas incapaces o irresponsables, había decidido salir a la calle para alzar su protesta. A protestar contra su situación, simple y llanamente; a hacer algo más que justificado: ¿Es acaso su trabajo saber cómo puede solucionarse su problema? ¿de verdad es su papel plantear las medidas necesarias para cambiar el rumbo de su situación? No, desde luego que no. Su único papel está siendo el de sufrir una circunstancia desgraciada. Salir a protestar hacia quienes tienen que cambiar eso, incluso cuando estos estuvieran haciendo bien su trabajo, es de lo más irreprochable que ha llegado nunca a mis oídos. Tal y como están las cosas, más que irreprochable, ¡es lo mínimo!



Tampoco es culpa suya no entender que, tras años de desarrollo económico, la estructura productiva de su país no les garantice un alimento dentro de unos meses, por mucho que estén dispuestos a trabajárselo. Pero nadie les argumenta nada, salvo que fue culpa del otro partido político y blablablá. Así, sería comprensible que las personas envueltas en el panorama, en especial las más afectadas, pusieran el pie en la calle para gritar, como mínimo, un “¡a mí que me lo expliquen!” que pondría en apuros a unos cuantos.

Sin embargo, estaba confundido: La manifestación tiene una plataforma detrás, que la organiza, y su objetivo, que es a la vez su lema, son oficiales: ¡Democracia Real YA!

Y algo en mí se emociona. ¿Puede ser que de verdad esté a punto de montarse un movimiento contra el antidemocrático sistema vigente es nuestro país? ¿En serio ha llegado el momento de salir a cambiar las cosas que nos alejan de la auténtica democracia? Empiezo a pensar en una serie de medidas, en la cabeza de demasiada gente, demasiado evidentes, como las que siguen:


  • Sustitución del mecanismo de pequeñas circunscripciones, que conduce de una forma patética hacia el bipartidismo convirtiendo la mayoría de votos por agrupaciones minoritarias en un “tirar el voto a la basura”, por una circunscripción única, donde se primaría (que cosa más malévola) la voluntad del país en función del número de personas que piensan de la misma manera.


  • Introducción del sistema a doble vuelta establecido en Francia, que permite votar en función de tus preferencias y no de cálculos electorales de la casa en una primera vuelta para votar a un “bipartidismo ajustado” posterior que permitiese el nombramiento de un gobierno relativamente estable. 


  • Obligación legal de cumplir las promesas electorales: En caso de verse el Gobierno en la obligación de cambiar de políticas de acción, habría de ser necesario volver a convocar elecciones de cara al nuevo planteamiento, por lo que la sensatez conduciría a unos programas electorales más sinceros y abiertos a diferentes situaciones en caso de que los políticos siguiesen con su manía de querer competir por mantener el poder.


  • Posibilidad de votar a diferentes candidatos dentro de un mismo partido. Incluyendo ministerios.


  • Prohibición de propaganda electoral, que sólo sirve para que los políticos empleen recursos en invitarte a votar sin considerar siquiera su programa.


  • Obligación por parte de todos los partidos políticos a establecer medidas concretas cuando hablen de resultados a conseguir.


  • Obligación a dichos partidos a publicar los informes técnicos necesarios que amparan sus medidas, para que los profesionales ajenos puedan estudiarlos y criticarlos a placer.


  • Ilegalización de las entidades políticas a nivel nacional que pretendan beneficiar de forma exclusiva a uno de sus territorios.


  • Imposibilidad para que un mismo partido pueda presentarse abiertamente a unas elecciones locales o autonómicas y a unas nacionales al mismo tiempo, fomentando una subordinación ilógica por unas razones imposibles de reconocer.



Son todas las que están. Seguramente no estén todas las que son, pero casi. Medidas coherentes que fomentan que el pueblo escoja de una forma pertinente las políticas que se seguirán; políticas identificables y expuestas a la crítica y opinión de los diversos expertos de cada materia.

Entonces, ¿parece que de verdad alguien de suficiente notoriedad ha dado el paso inicial para que cuantos piensan como yo, y somos unos cuantos, salgamos a la calle?


La frustrante respuesta es NO.


¡Democracia Real YA! es una organización que por democracia entiende que el poder debe estar en manos del pueblo, lección que le enseñaron bien en la escuela, pero que interpreta que el pueblo tiene unas voluntades concretas a imponer que se conocen perfectamente y que, por tanto, serán las que van a exigirse el próximo 15 de Mayo. Así, lanzan una serie de “propuestas que consideran esenciales” que quizás recuerden a muchos a las listas de medidas que publican los candidatos políticos en sus mítines electorales, y lo hacen de una forma categórica, concisa, como si cada una de sus propuestas no llevase detrás un tremendo debate. Cabe aquí decir que estoy de acuerdo con muchas de ellas, pero en absoluto lo estoy con otras, y si esta organización se presentase como plataforma política a unas elecciones en las que yo votase, no los votaría, a no ser que las propuestas por su oposición me pareciesen bárbaras.

¿Cuántas de las medidas anteriormente planteadas aparecen en su esquema? Pues ninguna. Simple y llanamente, ninguna. Sí aparecen otras como dar significación al voto en blanco (el cual ya tiene una significación, independientemente de que pueda faltar la opción de voto que se reclama), obligación a la banca de devolver el dinero al Estado (lo que en parte ya ha hecho, en unas condiciones que te hacen plantearte la inteligencia colectiva y política del país, pero lo ha hecho) y algunas otras que dejan a la literatura, como “fomentar la reducción de jornada y la conciliación laboral” pero aumentando, eso sí, los servicios sociales hasta terminar con las listas de espera en Sanidad, tener más profesores por alumno y dar 426€ al mes a los desempleados.

Me siento como Mourinho: ¿Por qué? ¿Por qué cada vez que alguien alza la voz para luchar contra lo mismo contra lo que yo quiero luchar tiene que ser una puta marioneta bailando al son de historias que poco o nada tienen que ver con lo que nos trata?

Así, ahora mismo, razones para acudir a la manifestación encuentro las siguientes:


  • Es una protesta popular, engendrada con independencia de poderes políticos o sindicatos, y es la única en todo el caos que aqueja nuestro sistema. Si tuvieras más opciones de protesta, podrías considerarlas, pero no es así: Tan sólo es ésta.
  • La intención es loable.
  • No deja de llamarse “¡Democracia Real YA!”. Dado el circo mediático de nuestro país, las propuestas son algo secundario. La publicidad del evento repercutiría, triste pero afortunadamente, de una forma directa en una crítica al sistema democrático actual. Tal vez se despertase el debate.
  • Quizás dar algo de notoriedad al acontecimiento pellizque determinadas conciencias amuermadas, y la acción en la red pase a ser una herramienta democrática: Debemos decir que es posible luchar por aquello que nos merecemos.


Las razones para no ir, ya están argumentadas. Vas a estar protestando por unas cuestiones, y no por otras. Tan sólo conviene tenerlo bien claro.

¿Mi recomendación? A poco interés que te despierte, tras leer esto, la convocatoria, habrías de acudir. No hay una elección real, es la única oportunidad, y tu presencia cuenta. A mí, me temo, no me despierta ninguno; incluso me pregunto si se trata de un paso atrás.

Mucha suerte en vuestra decisión, a expensas de decidir cuál va a ser la mía. Recordad que en cualquier caso, no sería la primera que sale mal, ni tampoco la última que saldrá bien.

Un saludo.

domingo, 10 de abril de 2011

¿Qué es la economía?




¿Qué es la economía?
Dices mientras clavas en mi licenciatura
un puesto de trabajo en el Cónsum...
¿qué es la economía?
¿y tú me lo preguntas?
¡¿hijo de puta?!

Calderilla de la Banca 
(colaborador del blog)




Definiciones hay muchas, algunas más afortunadas que otras, pero como si no, porque nadie (ni siquiera en la facultad que corresponde) les hace ni caso. Es más, confieso que el término me ha llegado a meter en un dilema: Soy de los que gustan defender que una palabra significa lo que con ella se refiera en su uso, y si algo tiene el palabro “economía” es que se usa, y mucho: Adorna, excusa, llena nuestros telediarios y sentencia en los debates. Pero significar... pues no, no significa. “Hombre, algo significará”. Que no, ya te digo que, tal como se utiliza, no significa. “Joder, ¿cómo no va a significar?, lo que pasa es que significa muchas cosas...” Ah, acabáramos, ¿en plan comodín? “Ostias macho, pues no, son cosas... pues eso, de economía...”


Seamos justos: sí que hay algo que todos coinciden en señalar cuando hablamos de lo que trato: Poderoso caballero es Don Dinero. No exclusivamente: también están el paro, la pobreza, el todopoderoso PIB; toda una serie de adjuntos que varían en función de las noticias del mes, pero con un único factor común, el susodicho dinero.


Sea. Reviso un par de conceptos. Puede que no esté tan lejos de lo que intuía, al fin y al cabo. Está bien, pongamos que economía es lo único que para todos significa o “tiene mucho que ver”: dinero. ¿Y bien? ¿Qué es el dinero?


Me ofreces dinero, que no vale nada...
Fito&Fitipaldis 

Sí que vale, Fito, claro que vale. Y más de lo que a ambos nos gustaría. Es cierto, el dinero no puede comprar cualquier cosa, y la riqueza creciente de los últimos años parece estar indicándonos lo afortunado del argumento de que la felicidad no está en los productos que llevan etiquetado un precio. Sin embargo, el todopoderoso caballero va mucho más allá que eso:


El dinero no puede, hasta donde yo sé, comprarte un amor. Sucede que, con dinero, sí que puedes dejar de trabajar, o hacerlo durante menos horas, puesto que puedes sustituir ese dinero por lo que hubieras cobrado como salario. Si es lo que quieres, puedes dedicarte a conocer más gente, y quizás, quién sabe, encuentres a esa persona especial, o descubras por qué no la encuentras. O, si eres más afortunado, tal vez quieras dedicarle más tiempo a la persona a la que amas. O trabajar menos tan sólo por llegar menos agotado a casa. O dedicar un tiempo de tu vida a la reflexión para conocerte a ti mismo. “Tiempo, tiempo, tiempo”. Sí, pasa que el tiempo es una de las cosas más preciadas que un hombre puede desear, y con ello probablemente la principal razón de ser de la economía. Si de verdad estás saciado de bienes materiales (imagino que no pasarás sin comida, una cama, algunas paredes, probablemente un sofá, muy seguramente internet y, desgraciadamente, un televisor) dejas de tener necesidad de trabajar o, al menos, de trabajar tanto. Y esto, intuyo que coincidirán hasta los alemanes, es una ventaja fantástica.


Pero el tiempo libre tampoco lo es todo. En un mundo donde existen la pobreza, la desigualdad, la contaminación, y un sinfín más de problemas sociales, el dinero se ampara como la causa, es cierto (bueno, ya lo discutiremos), pero también la solución de todas ellas. Nada impide que un pueblo trabaje por encima de sus necesidades (que pueden ser, perfectamente, lo justo para vivir, si es lo que desea) para invertirlo en energías más limpias que no se imponen como las únicas por ser más caras, o en solidaridad, formación de nuevas generaciones, investigación, ¡cualquier cosa!


“Pero eso ya lo sabíamos”, pensará el lector, con razón. “Fuera de los temas de Fito, y de los cuentos de hadas/películas de Richard Gere, el dinero importa, y demasiado además”. ¿Sí? Será que me gusta llevar la contraria, porque descubro el farol, y me vuelvo al bando del cantante: ¿Y por qué es necesario el dinero? ¿Es que acaso no podemos trabajar sin él? ¿En el pueblo que trabajaba más para investigar, por qué no podría, simplemente, no haber dinero? Trabajamos de más para alimentar a los investigadores y procurarles material de trabajo, por lo que ellos pueden dedicarse a investigar: No hay más.


Y así nos vamos acercando: el dinero es una herramienta muy útil, pero, como tal -fuera de ese concepto de herramienta- no vale nada. Nadie come billetes, ni se viste con ellos, ni decora nada; es más, los billetes comienzan a ser una parte ridícula de la cantidad total de dinero, que se encuentra en los bancos en forma de numeritos electrónicos, por lo que pasa a ser, literalmente, ¡nada de nada! Si supiéramos cuantificar, recordar, controlar e intercambiar favores y trabajos, fabricar dinero sería probablemente la actividad más improductiva del planeta.


Efectivamente, no es el dinero lo que nos importa. Es todo lo que hay detrás de ese dinero. No sólo lo que se paga, sino también lo que se deja de pagar: Usuarios dispuestos a cobrar un salario inferior en un trabajo que en otro porque les gusta más el primero; sociedades humanitarias; personas que se cambian de casa para tener un perro, o que prefieren montarse un mueble que pagar a otro por que lo haga; ¡cienmil cosas! Economía no es dinero. Economía es, simplemente, elección. Y está de acuerdo con cualquier comportamiento, puesto que, como ciencia, no conoce de preceptos. Una economía puede ir mucho mejor que otra con un crecimiento del PIB inferior; tan sólo debe cumplirse que se adecue mejor a lo que desean sus ciudadanos.


Así, cuando una empresa farmacéutica no invierte en vacunas contra el sida “por razones económicas”, toca preguntarle: ¿Qué razones económicas? Bien, ya sabemos que la cirugía estética da mucho más dinero, mas, ¿para qué quieres tú ese dinero? ¿Lo necesita tu empresa para sostenerse? ¿Es lo que te permite competir contra el resto de grandes farmacéuticas? ¿O simplemente merecen más la pena unos ceros en las cuentas de los gerentes que la cura de la enfermedad del VIH? Y, de igual modo, cuando nuestro gobierno toma decisiones “por razones económicas” deberíamos sacudir nuestras cabezas y preguntar: ¿Cómo? ¿Es porque la sociedad prefiere destinar esfuerzos a otro objetivo (y por tanto la idea estaba fuera de lugar)? ¿O porque no nos lo podemos permitir? ¿Es, meramente, para maquillar un par de cifras? ¿Qué se está haciendo a cambio?


Etc, etc, etc...


Siendo técnicos, la definición más correcta que se ha dado en la literatura económica la ha dado Lionel Robbins:
La economía es la ciencia que analiza el comportamiento humano como la relación entre unos fines dados y unos medios escasos que tienen usos alternativos.
Lionel Robbins 


Aquí nos permitimos reformularla para conseguir una definición más intuitiva:
La economía es la ciencia social que estudia cómo debe comportarse un sujeto (que puede estar formado por un sólo individuo o por varios, como el caso de una sociedad) para maximizar su bienestar, siendo el propio sujeto el único conocedor de qué le produce dicho bienestar, y estando en todo momento sometido a su circunstancia.


¿En qué se pretende incidir? En que la economía no teoriza ni sostiene qué es aquello que nos lleva a decidir, qué nos reporta bienestar o hacia qué queremos tender. Por eso es tan jodida. La economía tan sólo pretende ejercer de mecanismo en el que tú introduces tus preferencias, y ella te dicta cómo actuar.


Otra cosa muy distinta es que, si te quieres poner a comparar resultados, no puedas comparar bienestar social y sí puedas comparar el dichoso PIB. Y que haya algunas relaciones indeseables que nos obligan a sacrificar algunas políticas, en principio, beneficiosas, en pos de un sostenimiento de la calidad de vida. Pero de todo esto ya hablaremos otro día.


Por favor, no dejemos que nos engañen. La humanidad ha conseguido maravillosos avances estudiando cuanto le rodea; es hora de empezar a atreverse a fondo con aquello que ella misma, día a día, conduce y crea. Porque sólo así conseguiremos ser capaces de alcanzar lo que quiera que nos merezcamos, y algunos apostamos porque es un mundo mucho mejor que el nuestro.


Y queda con esto inaugurado el blog, muchísimas gracias a los (poquitos) lectores que le hayan dedicado un rato. Próxima entrada: ¿Qué NO es un economista?