martes, 14 de febrero de 2012

¿Por qué la crisis ha sido tan dura con los países más ricos?

Cuando una persona comienza a interesarse por la economía, una de las primeras cosas que aprende es que la ‘actividad económica’ puede distribuirse prácticamente en tres sectores (materias primas, industria y servicios) y que conforme un país se enriquece estos sectores van ganando mayor o menor peso los unos sobre los otros. Un país pobre tendrá, por lo general, una actividad prácticamente dirigida a la obtención de alimentos, mientras un país rico dedicará casi toda su actividad a la producción de servicios.

Pues bien, la razón por la que esto sucede es evidente: Lo prioritario, para nosotros, es comer y beber; lo prescindible, que te sirvan la comida o te calienten el café.

¿Qué pasa? Que llega un momento en el que gran parte de la estructura productiva de un país rico se fundamenta en estas actividades ‘prescindibles’, con todos los peligros que esto entraña. Peligros como el hecho de que si un día nos da a todos por necesitar ahorrar, el 20% de los empleos del país no sirvan para nada.



"El gobierno nos está enviando a cada uno de nosotros un cheque de 600 dólares. Si gastamos ese dinero en Wal-mart, el dinero irá a China. Si lo gastamos en combustible irá a los árabes. Si compramos un ordenador irá a India. Si compramos fruta y verdura irá a México, Honduras o Guatemala. Si compramos un buen coche irá a Alemania. Si compramos alguna mierda inservible irá a Taiwan y nada de todo eso va a ayudar a la economía americana. La única manera de que el dinero se quede en casa es gastarlo en putas y cerveza, puesto que son las únicas cosas aún producidas en Estados Unidos. Yo ya lo he estado haciendo"  
Marc Faber

Así, evidentemente, un país que pasa hambre luchará por comer. Un país que no pasa hambre se interesará tal vez por elementos industriales que le salgan rentables. Pero un país sembrado de incertidumbre, lo que nunca buscará serán comodidades. Y ese es un problema enorme a niveles estructurales.

Si a todo esto le sumamos el despropósito de la moneda única europea infectada de los intereses particulares de naciones que no comparten circunstancia y que tampoco es que sientan mucha empatía las unas para con las otras, junto con unas poblaciones que tienen claro que no quieren mudarse más allá de sus fronteras por trabajo, las consecuencias son las que tenemos ahora: Unos niveles de desempleo inusitados, y sin ninguna intención de empezar a ir bajando.

Y lo peor es que este mismo problema irá creciendo, junto con el peso del sector servicios, con los años. La pregunta es: ¿podemos protegernos de él?




sábado, 11 de febrero de 2012

La reforma laboral

Pocas cosas habrá que nos afecten tanto a todos como las leyes que regulan en materia laboral. Más concretamente, su cambio en un país que arrastra los modelos de una arcaica etapa dictatorial que se extinguiera hace ya casi cuarenta años debería mantenernos a todos alerta: Es decir, ¿quién sabe cuándo volveremos a verla reformada? ¿cuándo se podrán subsanar sus potenciales errores?

Bien, pues pocas cosas podían animarnos más a retomar el blog que disponer los análisis de esta reforma a cuantos estén interesados en informarse sobre ella. No vamos aquí a analizarla en profundidad (o al menos yo no voy a hacerlo) puesto que la recopilación incluye a auténticos expertos en la materia que saben acercarse fantásticamente al público general a la hora de divulgar, mas sí vamos antes a desmontar unos cuantos supuestos que parecen pulular en la opinión general:





-La legislación laboral es la principal causa del desempleo en España, y reformarla lo solucionará.

Falso. Es sin duda una de las causas, y hubiera sido extremadamente conveniente reformarla en tiempos de prosperidad, pero no puede escapársenos que ya el gobierno anterior estableció una medida drástica de choque que permitía encadenar indefinidamente contratos temporales y que el desempleo no ha hecho sino aumentar desde entonces. Puede que esa legislación laboral nos haya llevado en parte hasta aquí, y quizás un cambio acelere el proceso de recuperación de empleo cuando quiera que éste llegue, pero en absoluto es la causa última (ojalá la evidencia me demuestre equivocado).


-Disminuir la indemnización por despido aumenta el nivel de empleo.

Mitad falso, mitad verdadero. Veamos: Existe una magnitud de la que nos hemos cansado de oír hablar,  que cuando crece consigue hacer que un mismo número de recursos produzcan más que lo que antes hicieran: la productividad. El hecho de que cada puesto de trabajo lo ocupe la persona más apta para ello y que no se mantengan figuras laborales que no aportan rentabilidad alguna aumenta, inmediatamente, susodicha productividad, y con ello la rentabilidad de contratar empleados (y, por cierto, en consecuencia también los salarios de éstos). Sin embargo, esta relación podría no darse tan abiertamente en épocas de recesión, cuando pocas empresas pueden aspirar a ser rentables y son pocos los empresarios que aspiran a contratar (agradecería que alguien me facilitase el enlace al estudio que hizo hace ya algún año la universidad de Barcelona al respecto).


-Nuestra legislación laboral es lo que nos diferencia de Alemania o de China a la hora de atraer industria al país y exportar productos al exterior.

Increíblemente falso. El sector que más depende de la legislación laboral es el sector servicios, que es el más complicado de exportar. Dicho de otra manera: Por baratos que salgan tus peluqueros, los franceses no van a venirse a España a cortarse el pelo, puesto que es peor el remedio que la enfermedad. Y es que el coste laboral no lo es todo: El tejido industrial del país es clave. Y aquí sí encontramos que España tiene un problema capital, puesto que su estructura dependía en exceso de un sector que, como bien sabemos, hoy no tiene esperanza alguna de prosperar.
También tiene, por cierto, y seguirá teniendo, un increíble número de empresarios cuyos criterios de contratación se distancian muchísimo de la rentabilidad y que se alimentan de un poder de negociación que es urgente que comience a escapar de sus manos.


Dicho esto, para todo el que quiera informarse, espero que disfrutéis de los análisis que más oportunos hemos encontrado:

(enlace al texto legal y a algunos medios internacionales)




(no os perdáis el comentario 14)






La humilde conclusión que yo puedo extraer aquí es que la reforma laboral no es idónea de cara al largo plazo, ni óptima tampoco para la coyuntura actual y que, por encima de eso, debería ir acompañada de una serie de medidas que el ejecutivo ni quiere tomar... ni puede tomar, por todo el conglomerado europeo y la que tienen montada. Vamos, nada nuevo en el horizonte con los populares al frente. Y lo que nos queda...

lunes, 31 de octubre de 2011

¿Qué se pide cuando se pide independencia?

Un temporal azota Euskadi
Es realmente complicado hacer que un economista entienda (hoy) el concepto de nación. Desde nuestro punto de vista, existe una esfera de decisiones que tomar de forma individual y otra esfera de decisiones que tomar de una forma conjunta, en sociedad. Decisiones tales como “cuántos parques queremos pagarnos a costa de consumo privado”, “cómo debemos redistribuir el dinero”, etc, etc, etc. La sociedad, a su vez, no se define de una forma arbitraria, sino en función de las decisiones a tomar y las personas implicadas. ¿Tengo yo que decidir cuánto se gasta un salmantino en unos parques que sólo visitaré en virtud de turista? Desde luego que no. Sin embargo, si Salamanca y Zaragoza comparten una misma moneda, la decisión social de cómo gestionar la política monetaria sí nos incluirá a ambos a la fuerza, puesto que la impresión de euros, con indiferencia de dónde se realice, nos afecta prácticamente por igual.

Es por esto que la sociedad acaba necesitando dividirse en “niveles” de decisión, en función de la materia a tratar. A saber, en el día de hoy el municipio de Zaragoza estaría incluido en la ONU, en la Unión Europea, en el G20, en España, en la comunidad de Aragón, en la provincia de Zaragoza y, por último, tendría una esfera de decisión exclusiva como ciudad. Aún es más, un ciudadano zaragozano también estaría incluido en su barrio, su asociación de vecinos y, poniéndonos quisquillosos, el grupo de personas con el que comparta su vivienda. ¡Todo esto aparte de su extenso abanico de decisión individual!


Así, cuando un grupo de personas se ponen de acuerdo en reclamar la independencia de su nación, ¿exactamente, qué reclaman? ¿total libertad para actuar como les dé la gana, en detrimento de sus vecinos si se da el caso? ¿o, exclusivamente, el apelativo de nación?

Es un matiz muy importante, y para muestra un botón: Cuando un gobierno establece estímulos fiscales para reactivar la actividad económica de una sociedad, importa poco dónde realice el gasto en términos geográficos, pues la observación nos ha demostrado que el mismo se filtra interregionalmente y acaba afectando en un área geográfica francamente vasta. Pongamos que ahora, a las regiones afectadas, les preguntamos si desean participar (con su bolsillos) en el gasto que supone el estímulo o no hacerlo, pero sabiendo que el resto sí lo harán. De no entrar la solidaridad de por medio, ¿por qué iban a gastarse nada, pudiendo beneficiarse igual?

Por supuesto, éste es un problema que puede solucionarse mediante el establecimiento de fronteras, aranceles y todo tipo de trabas a la interacción, si es eso lo que queremos. Al final todo constituiría por tanto un análisis coste-beneficio, y el coste de poner barreras estrictas -nos dice la historia- es tan elevado, que no suele tener mucho sentido recurrir a medidas así, por mucho que sean legítimas.


De todas formas, las voces independentistas que se escuchan en España no acostumbran a seguir este camino. No se trata de un “quiero establecer esta medida”, o “estoy dispuesto a cerrar mis fronteras para adoptar tales políticas”. La independencia no conforma un medio, sino que es un objetivo en sí. Y el conflicto, en estos términos, se reduce a la tontería siguiente: Si un país consigue la independencia, una serie de personas (los independentistas) se ve afectada positivamente al conseguirla, y otra (constituída por los anti-independentistas) se ve afectada negativamente. La decisión debería estar, por tanto, en manos de todos: Una región, hemos quedado, no debe tomar nunca por su cuenta decisiones que afecten negativamente a las que le rodean...

Claro, llegados hasta aquí, la pregunta más acertada que cabría hacerse es: ¿Y si a un zaragozano le molesta que Salamanca esté muy bonita con un montón de parques? ¿No debería ese maño tomar parte en la decisión de cuántos parques se construyen en Salamanca?

Y la respuesta es... que sí, sin dudas. Viéndolo así...


Pocas vueltas más hay que darle para deducir que el debate tendría que llevarse un poco más allá. Quizás convertirlo en conflictos más auténticos, buscar la lógica. Por ejemplo, ¿quizás no sea tan descabellado eliminar de las aulas el castellano en una sociedad donde el idioma común es (se supone) el inglés?

Sé que al final el debate es una competición más de las que tanto nos gustan, Apple contra Android, un PP - PSOE o un Barça - Madrid, donde nuestra opinión está sentenciada mucho antes de entrar a debatir. Pero, a favor de la cordura, siempre quedará un punto de vista objetivo. Supongo que la labor científica aquí se reduce a... demostrarlo.

miércoles, 19 de octubre de 2011

Desenmascarando... la dación en pago

La crisis económica ha llevado a mucha gente a una situación condenadamente trágica. Una situación muchas veces francamente injusta y que, en un ejercicio de humanidad, deberíamos considerar un problema social, de todos, y no solo de aquellos directamente afectados. Llámalo solidaridad, llámalo 'te podría tocar a ti mañana', lo que importa es que nuestro bienestar está directamente ligado a nuestro comportamiento social y, por más que muchos (por lo general no economistas) así lo afirmen, no hay espacio en la ciencia económica para refutar esta sentencia.

Manhattan desde el Empire State in Tilt Shift


Sin embargo, no por ello todo se convierte en el mundo de Oz y el país de la piruleta. Cuando un problema se trata obviando el rigor conveniente, se produce necesariamente un cisma entre la lógica e intereses y sinrazones que acaba conduciendo a la inmovilidad más nociva para los propios decisores. Ya lo vimos hace unos años, cuando se probó que, tal como defiende la ciencia económica, era necesaria una estricta regulación de sistema financiero, y acabó por no hacerse nada. Lo hemos visto en Grecia, un país donde se ha insuflado una ingente cantidad de dinero para no ser capaz de tomar las decisiones oportunas sobre cómo gestionarlo, y resultando en una quiebra prácticamente total de su Estado y en una tensión al alza de su moneda. Y bien, ahora lo estamos viendo en la gestión del problema hipotecario, una auténtica confrontación entre agentes que en su día casi se peleaban por endeudarse y que hoy, tras una enorme inversión fallida, reclaman una solución que no afecte a sus bolsillos.


'Los banqueros son unos cerdos' nos hartamos el Sábado, 15 de Octubre, de oír en las calles. 'Podrían condonar toda la deuda de las familias desalojadas y seguirían obteniendo beneficios, razón por la cual debería establecerse con carácter retroactivo la dación en pago'.
Pues bien, dentro de las limitaciones del blog, como siempre, aquí vamos a buscar una versión, cuanto menos... más completa. Qué menos que intentarlo:

En primer lugar, deberíamos hablar de las familias afectadas. Sin dar roles de buenos y malos, son familias que en su momento se aprovecharon del sistema de responsabilidad ilimitada (esto es, puedo comprometerme con mi banco cuanto quiera) para adquirir inmuebles como si no existiera un mañana. ¿Estaban obligados a hacerlo? ¿No existía más opción? Sí, si que existía, y pasaba por la posibilidad de negociar con tu banco una responsabilidad limitada (a cambio de un aumento sustancial en los intereses, por supuesto), adquirir un vivienda más barata o, como la mayoría parece estar olvidando, tirar de alquiler. España, un país que siempre ha brillado por sus lazarillos de Tormes, tiene el honor de ostentar el puesto de país donde más se compra, y menos se alquila, y de hacerlo además con diferencia. ¿Que comprar ha sido históricamente una gran opción porque implicaba beneficiarse del aumento en el precio de la vivienda? Puede ser, pero a eso se le conoce como especular, y se trata de una forma de obtener riqueza francamente improductiva que consiste en asumir un riesgo. Y los riesgos, hasta donde yo sé, no siempre tienen que salir bien.

Claro, que entre las medias verdades que se nos han contado está la de que estas familias no eran conscientes del riesgo adoptado. 'Un sistema complicado les ha metido en una situación a la que nunca creyeron estar expuestos'. Ajá. Lo mismo le pasa a un excompañero drogadicto; su problema es el resultado de un conocimiento impreciso sobre biología. ¿Han probado a preguntarle a alguien qué sucede cuando uno no puede pagar una deuda? Si todos pensaban que los impagos se solucionaban mediante una dación en pago, ¿por qué creían que el banco estaba interesado en un aval? Es innegable que el sector bancario se ha aprovechado en multitud de ocasiones de la imprudencia de su cliente para establecer unas cláusulas abusivas, pero existe una tremenda distancia entre el negro y el blanco, y el problema que tratamos es de un gris bastante claro. Y es que nadie ha firmado una hipoteca obligado.

Seguimos, puesto que otro de los baluartes de quienes defienden la dación en pago es que nadie es responsable de una crisis económica, y por tanto es injusto que tenga que pagar sus consecuencias. Y estoy de acuerdo. Pero la crisis sigue existiendo. No existe manera de que deje de hacerlo. Y, si bien se condena al economista académico por su incapacidad para predecir el cómo y el cuándo, cualquiera que viese en tiempo de bonanza los medios era perfectamente consciente de que existía una burbuja inmobiliaria que había de acabar pinchando, y que llevaba inflándose mucho más tiempo del esperado. Ahora resulta que la masa de fondos que prefirieron desoír el advenimiento del desastre y continuar invirtiendo en ladrillo porque la rentabilidad de hacerlo era enorme, merecen ser perdonados. Una inversión de alto riesgo y alta rentabilidad sale mal, ¡y la culpa es del banco! ¡y es el banco quien tiene que pagar por ella!


Y es que somos un pelín hipócritas al juzgar el comportamiento de los bancos en todo esto. Al fin y al cabo, su papel ha sido sustancialmente el de permitir la especulación a quien optase por esta vía. Ahora que ha salido mal, se dice que el banco tiene la obligación de prestar activos de alto valor y después reobtenerlos a un precio más bajo cuando la jugada acaba en pérdidas. Claro. Pero la pregunta es, ¿en esas condiciones, los habría prestado? ¿es que no tienen ningún valor los contratos firmados? ¿no existe la seguridad jurídica? Se trata de algo demasiado grave para cambiarlo como si no pasase nada. No hablamos de un cambio concreto; hablamos de la deslegitimación de un sistema jurídico al completo. De aprobarse una medida como ésta, todos los acuerdos futuros se verían obligados a añadir una 'prima' que compensase la posibilidad de que, de la noche a la mañana, un gobierno se decantase por hacer que tal acuerdo no tiene ningún significado.  Y aquí saltan preguntas como: ¿por qué nadie se quejó ANTES de que todo explotase en nuestras manos? ¿dónde estaban esas voces? ¿acaso eran los contratos tan opacos que nadie era capaz de descifrarlos? Tenemos un problema de inconsistencia temporal muy, muy parecido a lo que se conoce como demagogia. Hubo tiempo para manifestaciones y para críticas antaño; y nadie le quiso hacer caso. ¿También tienen de eso la culpa los bancos?

Para terminar, por no hacer el texto más largo, conviene aclarar algunas cosas. En primer lugar, cuando uno compra una casa adquiere al tiempo la posibilidad de adaptarla al gusto subjetivo. Cada cambio aporta valor al inmueble para ti, pero si no se incluía de serie por lo general hace lo contrario a ojos del mercado. Es decir: Está muy bien que quieras una habitación menos a cambio de un salón con más espacio, pero tu casa baja de precio por ello. Si esa casa se devuelve tal cual al banco, esa bajada de precio la asimila la entidad, que te vendió tu casa con menos salón y más cuartos. En segundo lugar, cuando una familia sabe que va a ser desalojada tiende a descuidar el cuidado de su hogar, restando de nuevo valor al inmueble. Es algo más que un supuesto: cuando un piso está a las puertas de ser devuelto, automáticamente los pisos que le rodean bajan de precio. De nuevo, le exigimos ese sacrificio al banco. Por último, el agujero creado en nuestra banca por el impago de viviendas es MUY superior al que publicitan los propios bancos (4000 millones de euros). Y es que aquí nadie piensa en el perjuicio que supone para un banco que sus inversores vean posible un cambio de reglas que los deje en quiebra.

Ojalá todo fuese mucho más sencillo y evidente. Sería ideal que todos pudiésemos decantarnos por los buenos, que los economistas no hicieran falta y que todo se solucionase con un par de razonamientos básicos. Pero no lo es. Por fortuna, existe una serie de profesionales tratando de solucionar cada uno de nuestros mayores problemas como especie. Incluido, por supuesto, éste.

martes, 27 de septiembre de 2011

La soberanía de las expectativas: Un juego de tronos

Libre mercado: Sistema que se ajusta por el mecanismo de precios. Si sube el precio de algo, la gente deja de comprarlo; y viceversa.

Tu medio de información favorito, hace unos cinco años: Sube el precio de la vivienda, y los compradores... aumentan su demanda: Lejos de querer comprar menos, ¡quieren comprar más!

No hay más que acudir a las cifras para ver que algo no está funcionando como debiera en el sistema de ajuste vía precios. Pero es que claro, si yo compro algo por 100€ y mañana lo puedo vender por 200€, ¿quién puede decir que su precio no es el segundo, sino el primero? En un sistema donde los precios pueden bailar en un son propio, ¿qué importa más, el valor actual de mercado o el valor esperado?

Se trata del problema de las expectativas; con toda probabilidad, bujía de los desastres más graves de la economía moderna. La causa implícita de todas las burbujas: la razón por la que desde Grecia hasta Francia podrían quebrar este Sábado, tras pronunciar cualquier ministro del ECOFIN unas palabras inadecuadas o con un matiz desacertado.


Y es que comportarse acorde a las expectativas es algo lógico, y desde luego lícito, pero entraña dos problemas de peso:

a) Las expectativas pueden no cumplirse. Al no cumplirse, automáticamente la economía sufre un coste de eficiencia, puesto que su reparto de recursos se basaba en tales expectativas, y de haber conocido la realidad futura con certeza dicho reparto se habría modificado.

b) Al contrario que los precios, las expectativas no dependen tanto de vendedores y compradores como de medios de prensa, agentes de gobierno, agencias de rating y una serie de personalidades.


Claro, esto nos mete en un planteamiento muy, muy complicado. Si el sistema no funciona por precios, sino por expectativas, y las expectativas no dependen de los agentes del mercado, sino de otros entes... ¿qué gracia tiene el susodicho libre mercado?

Lo peor llega cuando tales entes, los responsables de nuestras expectativas, tienen sus propios intereses particulares: Sea ganar unas elecciones, conseguir favores políticos o beneficiar deliberadamente a una empresa (cuando no a la propia) a cambio de favores/dinero/loquesea, son muchas y muy habituales las razones que pueden conducir a la manipulación de nuestro comportamiento. Una palabra de Lagarde, y las bolsas se desploman; una insinuación de Steve Jobs, y las acciones de apple se disparan; un artículo hablando de la bajada del precio de la vivienda en El País, y las ventas de pisos se reducen, y todo cuando, realmente, no ha pasado nada.

Así, acabamos encontrándonos bajo una economía semi-planificada, tan criticada por los máximos defensores del libre mercado, pero no planificada por una sociedad bajo un sistema democrático... sino dirigida por un pequeño número de individuos según sus intereses individuales.

¿Cómo combatirlo? Sinceramente, lo desconozco. Y, desgraciadamente, tal manipulación de nuestro comportamiento incluye -cómo no- la elección de representantes políticos, salpicados de toda esta podredumbre como los que más. Podrido, sí, podrido es quizás el término que mejor podría describir el avance moderno. Unos pocos agentes jugando a las marionetas con una sociedad entera que, buscando su propia felicidad, baila a su son víctima del desconocimiento.

Creo, entiendo, que encontramos en este mecanismo un enemigo común para los economistas del mundo entero, cualquiera que sea su ideología. Porque, cada vez más, estamos dejando de jugar al juego de la economía, para abandonarnos al comportamiento del borreguismo.

¿Lo peor? Lo peor es continuar con una discusión idiota entre socialistas y “neoliberales”, si es que aún existen ambos, en lugar de enfocar nuestra atención hacia la fuente de nuestros problemas. Lo peor es que las mentes críticas se rebocen en su propia mierda, al tiempo que unos pocos consiguen engañarnos, y que las pocas voces sensatas que llegan hasta los medios sean rápidamente desatendidas por la falta de interés.

Unos manejan, y otros se dejan. Y mucho me temo que así ha de seguir hasta alcanzar un futuro que, cada vez con más fuerza, toma forma de pasado.

sábado, 17 de septiembre de 2011

La física de las ciencias sociales (Donald Marron)

Os dejo un aporte interesante escrito por Donald Marron, profesor invitado en el Instituto de Políticas Públicas de Georgetown (Washington D.C.) y asesor en el Congreso y la Casa Blanca, sobre la ciencia económica.

'La economía pretende ser la física de las ciencias sociales. Los físicos estudian el modo en que las fuerzas fundamentales de la naturaleza lo conforman todo, desde los movimientos de las partículas subatómicas hasta las órbitas de los cuerpos celestes. Los economistas, a su vez, estudian cómo las fuerzas sociales fundamentales lo explican todo, desde el precio del pan en la tienda hasta el diferente grado de riqueza de Estados Unidos y Zimbabue.


Este libro trata de los economistas que han logrado éxitos, pero la economía nunca será lo mismo que la física. En los dos últimos siglos, los economistas han desarrollado numerosas teorías muchas de las cuales se describen en las siguientes páginas, que explican cómo funcionan los mercados y cómo en ocasiones fallan, cómo toman sus decisiones los consumidores, los trabajadores, las empresas y los políticos, y por qué las economías crecen o se estancan.
No obstante, esas teorías tienen sus limitaciones, pues los seres humanos son menos predecibles que las partículas y los planetas. Las economías son complejas (como los ecosistemas), y en ocasiones no llegamos a comprenderlas del todo; nuestra incapacidad para anticipar la peor crisis financiera y económica que ha acaecido en ocho décadas es un lamentable aunque perfecto ejemplo de ello.
La ciencia de la economía es aún, pues, un proyecto en proceso de desarrollo; y es posible que termine pareciéndose más a la biología que a la física. Pero la economía no es solamente una ciencia. Muchos economistas, incluido yo mismo, creemos que nuestras visiones de cómo funciona el mundo deberían tener repercusiones a la hora de decidir el funcionamiento del mundo en general. Como consecuencia, las teorías científicas de la economía se desdibujan y se convierten en teorías políticas acerca de cómo debería ser una buena sociedad.
Las teorías, tanto científicas como políticas, pueden tener una gran repercusión. Como dijo John Maynard Keynes: «Las ideas de los economistas y los filósofos de la política, tanto si son correctas como si están equivocadas, son más poderosas de lo que normalmente se cree. De hecho, pocas cosas más aparte de ellas rigen el mundo. Los hombres prácticos, que se creen totalmente libres de cualquier influencia intelectual, normalmente son esclavos de algún economista difunto».'

Se trata de la introducción de su interesante obra: 50 teorías económicas sugerentes y desafiantes 





Altamente recomendado.


Artículos relacionados:
¿Qué es la economía?

martes, 6 de septiembre de 2011

Quitando la máscara del ahorro (I) - La igualdad ahorro-inversión

La palabra ahorro es, probablemente, una de las más populares en tiempos como los que corren. Echamos la vista atrás, encontramos un consumo que superaba con creces el que podía dejarnos satisfechos y, ante la escasez actual, nos castigamos: ¡Ay! Si hubiésemos ahorrado...
Pero es que ahorrar no es algo tan fácil; y desde este blog hemos invitado a un par de amigos, George y Lennie, para demostrarlo:

Lennie es un simpático personaje, grandote y torpe a partes iguales, que adora a los conejos, pero es incapaz de atraparlos. 
George, por su parte, es un hombre significativamente más hábil que Lennie, pero en absoluto alcanza su tamaño, y pasa auténticos apuros para cargar los fardos de paja que necesita mover a diario en su granja. 

Prácticamente hechos el uno para el otro, llegan a un acuerdo: George atrapará conejos para Lennie, que se los comprará a dos monedas por conejo, y Lennie cargará fardos para George, a moneda por cada fardo. 

Finalmente, el mejor equilibrio para ambos consiste en que, cada semana, George conseguirá un total de dos conejos (cuatro monedas) y Lennie, a cambio, cargará para él cuatro fardos (también cuatro monedas).

Todo funciona perfecto para ambos. Cada semana, Lennie se hace con dos conejos para acariciar, y George se libra de tener que cargar cuatro fardos, ¿acaso no era lo que pretendían?
Mas, cosas de la vida, ha de acabar llegando el ahorro a complicarlo un poco:

-He pensado, George -anunció de pronto Lennie -que sería bueno que ahorrase algunas de las monedas que me das. Quizás así, aunque tuviese que acariciar menos conejos por un tiempo, podría acabar teniendo muchas muchas monedas para comprarte material de la granja y que me hicieras un pequeño corral para criar mis propios conejos... ¡Podría tener cientos de ellos!

-Em... Lennie -reparó contrariado George, con cierto tono estupefacto -¿y cómo se supone que pretenderías hacer eso?

-Mira mira, te gustará, lo tengo todo pensado: Te cargo los cuatro fardos por cuatro monedas, pero, en lugar de dos conejos, te compro sólo uno, por sus dos monedas... Y así ahorraría dos monedas cada semana. En unas semanas, ¡podría comprarte el corral!


Arrojando su cigarro al suelo, el más pequeño de los dos hombres apoyó una mano sobre su compañero, en un gesto que no venía sino a decir "veamos, a ver cómo de dura tienes esa mollera".

-En verdad eres tan torpe como has parecido siempre, buen amigo. Pero no eres tan tonto. Si nada más me compras un conejo a la semana, ¿cuánto dinero ganaré yo?
-Dos... dos monedas, ¿no George?

-Y, con esas dos monedas que gano, ¿cuánto fardos podré comprarte? ¿seguiré comprándote cuatro, acaso?

-No... -respondió entonces Lennie, visiblemente afligido.

-¿Cuántos podré comprarte, grandullón?

-Dos, George, no te pases. Y no ahorro nada cambiándote dos fardos por un solo conejo, ya, ya lo he pillado.

-No existe el ahorro, Lennie. El ahorro es una ilusión. Y los hombres de verdad no vivimos de eso. ¿Por qué no vas acostumbrándote?




Recapitulando: Lennie decide ahorrar, disminuyendo los ingresos de George, que reducirá sus compras a Lennie hasta que éste vuelva a no ahorrar nada... y un par de tipos que estaban dispuestos a cambiarse cuatro fardos de paja por dos conejos, comenzarán a cambiarse menos.

Curioso, cuanto menos.

¿Significa esto que ahorrar es imposible? No, claro que no. Existen algunas posibilidades en las que nuestros chicos no han reparado: El día que George se percate de que Lennie pretende ahorrar exclusivamente para comprarle un corral a él  mismo, podemos dar por descontado que se golpeará la cabeza para castigar su propia estupidez. Efectivamente, no tendría mayor problema en perder algo de dinero durante unas semanas, ¡puesto que habría de recuperarlo todo! El proceso sería el siguiente:

Cada semana, Lennie cargaría los fardos por cuatro monedas, y George le vendería un conejo por dos. Sin embargo, al tiempo, George podría ir construyendo el corral para Lennie. Sabiendo que el grandullón empleará las dos monedas que ha ahorrado en comprar el corral, podríamos decir que George no ha perdido dinero, puesto que el corral que ha estado construyendo “vale” exactamente la cantidad de dinero perdido, que es lo que se pagará por él. Nos encontraríamos así ante lo que sería un claro caso de inversión y, como en nuestra historia, el hecho de que el ahorro exista es perfectamente factible en su convivencia.


No se trata de un mero ejemplo; en términos macroeconómicos, la cantidad total de ahorro e inversión han de ser idénticas para poder hablar de equilibrio. Y debemos poder hablar de equilibrio para poder hablar de sostenibilidad.

Así pues, nos encontramos ante la que probablemente es la identidad más intratable de la economía moderna: Una de las menos intuitivas, pero desgraciadamente elemental. La igualdad ahorro-inversión.

Matemáticamente es mucho más sencillo:
El dinero se mueve hasta distribuirse entre el conjunto de las familias por dos causas: Consumo e inversión.
Renta = Consumo +Inversión(1)

Una vez lo posean, las familias lo emplearán para dos fines: Consumo y ahorro.

Renta = Consumo +Ahorro

Creo que hasta George y Lennie estarán de acuerdo en que:

Consumo +Ahorro = Consumo +Inversión => Ahorro =Inversión

Y terminamos fijándonos en algo: Para que las familias ahorren más, han de consumir menos. Para que ese ahorro se sostenga, hemos defendido que ha de crecer igual la inversión. Por tanto, al hablar de "ahorrar más" estaríamos pidiendo un crecimiento de la inversión ante una disminución del consumo...

Contraintuitivo, por lo pronto. ¿Estamos de acuerdo?

Es por ello que el ahorro, como tal, no es sostenible por sí sólo. El esfuerzo de ahorrar por ahorrar es lo que hubiera llevado a Lennie y George a intercambiar tan sólo dos fardos por un conejo, y si hubieran seguido empeñados en ahorrar habrían acabado con todo intercambio cerrado.

#cuidadoconloqueopinamos

(1) En realidad, estamos obviando en esta relación la existencia de un sector exterior: Lo hacemos con afán didáctico, pretendiendo incidir exclusivamente en la naturaleza del ahorro. La relación exterior no influiría de considerar que el saldo exportaciones-importaciones no varía; de hecho, un aumento en el consumo empeora dicho saldo exterior, haciendo necesario un aumento en la inversión que iguale el aumento en el ahorro más el desajuste exterior para mantener el equilibrio.